Hace unos días, en clase, surgió una conversación de esas que parecen tontas, pero que dicen mucho.
Estábamos hablando sobre coches. El típico “¿Cuál quieres tener cuando cumplas los 18?”
Uno de mis amigos —hijo de un empresario con dinero— empezó a enseñar fotos de Audis, Mercedes, incluso un Rolls Royce. Y la verdad, no me sorprendió. Es muy posible que algún día conduzca uno de esos, no porque se lo gane, sino porque tiene acceso fácil.
Pero lo que más me llamó la atención fue otro compañero. No tiene la ESO, ha repetido, no trabaja, no estudia, y sinceramente, tampoco parece tener ningún plan de vida.
Aun así, hablaba con total seguridad de los coches que iba a tener. Ferraris, Lamborghinis… y lo decía convencido, como si ya los tuviera pedidos.
Le pregunté cómo pensaba conseguirlos. No lo sabía. Pero lo tenía claro: los iba a tener.
Días después, en otra conversación, distinto amigo. Este sí es más inteligente, pero tiene un problema: es vago a niveles históricos.
No hace deberes, no estudia, nunca está al día. Vive bien porque su familia tiene dinero, y eso le permite ir tirando.
Le preguntamos cuánto le gustaría ganar cuando sea mayor. Me suelta: “Yo con 8.000 al mes me conformo.”
Durante toda la tarde intentamos averiguar qué quería estudiar o a qué se quería dedicar. Nada. Ni idea.
Y lo peor es que estos no son casos aislados. Los veo todo el rato.
Cada vez conozco más gente que quiere tenerlo todo: coches de lujo, ropa cara, casas enormes, viajes, libertad…
Pero nadie se está moviendo para construirlo.
Cero planes. Cero esfuerzo. Cero visión real.
Salen de fiesta cada finde, vapean entre clase y clase, duermen hasta las cuatro de la tarde y buscan ganar dinero rápido con ideas que no escalan:
reventa en Wallapop o venta de vapers.
Y ojo, no digo que esté mal querer ganar algo de dinero.
Lo que me preocupa es que muchos piensan que con eso ya están haciendo algo serio. Que ya tienen su “negocio”.
Pero la verdad es que esos 100 o 200 euros que ganan no van a crecer. No hay estrategia, no hay mejora, no hay visión.
Y sin ideas, sin disciplina y sin formación… es imposible construir algo que dure.
Cuando les haces ver esto, la respuesta siempre es la misma: excusas.
“La juventud está para disfrutarla.”
“Los estudios no sirven de nada.”
“Ya me preocuparé cuando toque.”
“El sistema está mal.”
“La culpa es de Perro Sánchez” —aunque la mitad ni sabe qué partido representa.
Y no lo digo por meterme con nadie. Ni por defender a nadie.
Lo digo porque repetir frases de TikTok no es tener opinión. Es repetir sin pensar.
Pero lo que más duele no es eso.
Es que cuando alguien se esfuerza, se levanta antes de que amanezca, entrena, estudia, trabaja por su sueño…
lo llaman flipado. Lo acusan de ir “de motivado”.
Y en el fondo, no es porque te odien.
Es porque les molesta ver que tú sí te estás moviendo.
Tú les recuerdas todo lo que ellos no están haciendo. Y eso pica.
Yo no tengo todo resuelto. Cometo errores, dudo, fallo.
Pero tengo algo claro: quiero construir algo.
Y para eso hay que moverse.
No me va a caer del cielo. Y tampoco me lo va a regalar nadie.
Así que si tú también quieres algo más que un sueño bonito…
empieza a hacer que pase algo.
Y si te llaman flipado, mejor.
Significa que ya estás saliendo de donde ellos aún no se atreven.

