El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda

La clave para una vida plena es preocuparse solo por lo que realmente importa. Acepta el sufrimiento como parte del crecimiento, asume la responsabilidad de tus decisiones y valores, y evita la victimización.

¿Qué es lo que te importa?

La clave para una buena vida no es que te importen más cosas, es que te importen menos, para que te importe lo realmente verdadero, inmediato y trascendente, sin perseguir lo bueno o lo malo, pues, paradójicamente, uno atrae a su contrario. Para que una cosa te importe menos o poco debes encontrar otra que te importe más, y el objetivo del libro es hacerte consciente y responsable de las cosas a las que le das importancia.

Sufrir es parte del desarrollo

Lo «malo» de la vida es que aquello que sufrimos es necesario para desarrollar una felicidad estable; aquellos problemas que sufrimos son constantes en nuestra vida y desaparecen cuando aparece otro nuevo, pero es en la resolución de estos problemas donde se encuentra la felicidad y no solo en escuchar a nuestras emociones. De hecho, nunca deberíamos actuar en base únicamente a una emoción; debe haber una razón para actuar, y la emoción está para ayudar. Por ejemplo, si te sientes mal, implica que debes actuar y cambiar algo. Ten en cuenta que aquello por lo que estamos dispuestos a sufrir determina nuestro éxito.

No eres especial

Debes alimentar tu autoestima con acciones y no solo alimentarla de creencias e ideas: responsabilízate de tu vida y no te creas con derecho a todo, ni por superioridad ni por victimización (los problemas con los que te encuentras no solo llevan tu nombre), además, tampoco eres excepcional como para tener derecho a todo. Es muy complicado destacar de manera considerable en más de dos áreas de tu vida y casi nadie lo es, aunque Internet te bombardee constantemente con la idea contraria a esta. Entonces, no le des tanta importancia al excepcionalísimo y trata de valorar más una vida regular, porque muchas veces esas experiencias son las que más felicidad aportan que no ser excepcional en todo.

Identifica tus valores

Los problemas de nuestra vida deberían derivar del sufrimiento que es resultado de la obtención de un propósito. Una clave para ello es el autoconocimiento: una serie de capas de menor a mayor dificultad de comprensión que se desarrollan, entre otras cosas, preguntándonos siempre el «por qué» hasta dar con la solución a la respuesta a nuestra sensación interior. Dificultando esta misión están los valores que tenemos, responsables de determinar nuestra manera de calcular el éxito o el fracaso propio o de los demás. Así pues, tanto nuestros valores como nuestros parámetros afectan a nuestra interpretación y resolución de los problemas. Existen una serie de cuatro principales valores que resultan mediocres y que cabe recalcar para evitar que hagan estragos en nosotros: el placer, los bienes materiales, el positivismo y la creencia de tener siempre la razón. No obstante, podemos identificar los buenos valores y diferenciarlos de los malos para así poder cambiarlos: Los buenos valores son socialmente constructivos, inmediatos y controlables y se basan en la realidad. Los malos valores, por lo contrario, son socialmente destructivos, no son ni inmediatos ni controlables y son irreales.

Tu elijes 

Al elegir el problema en el que nos encontramos, tenemos una sensación de poder; sin embargo, cuando no somos culpables de ellos, nos victimizamos, y lo cierto es que constantemente estamos haciendo elecciones y somos siempre (en mayor o en menor medida) responsables de lo que nos pasa. No siempre somos los culpables de nuestros problemas, que es básicamente el resultado de las elecciones pasadas, pero sí somos plenamente responsables de nuestros problemas, que son las elecciones que tomamos en el presente. Recuerda, no siempre eres culpable, sí responsable. Entonces, una vez comprendes esto, puedes interpretar la vida como si se tratara del póker, donde no eliges las cartas que te tocan, pero la victoria depende de cómo juegues esas cartas (de las elecciones que tomes). No te victimices jamás, porque resulta una droga de la que nadie es consciente. Así toma acción y cambia tus valores; ¿cómo?, simple, elige darle importancia a cosas diferentes.

Nos equivocamos, por suerte

A lo largo de la historia, la sociedad se ha ido equivocando constantemente en todo, en cómo hacer X cosa, en cómo funciona Y cosa, en que significa Z cosa… Pero eso es algo normal, por lo que debes comprender que siempre te estás equivocando, y si debes buscar algo, no es aquello en lo que no te equivocas, sino aquello en lo que sí lo haces (que es en todo, por cierto), y esto incluye a nuestras creencias, pero como pasa con nuestros valores, podemos cambiarlas, pero primero debemos dejar de creer en ellas, cosa difícil que queda reflejada en «la Ley de Manson de la Evasión», que explica que evitarás aquello que afecte a tu identidad, así que no te compliques mucho autodefiniendote; sé simple y claro; cuantas más complejidades agregues a tu autodescripción, más complicado será tratar con tu identidad. Para tomar control y consciencia de todo el tema de las creencias y los valores, puedes hacerte la siguiente serie de preguntas: ¿me estoy equivocando?, ¿qué pasaría en caso de equivocarme?, ¿es mejor la situación en caso de que me equivoque o en caso de que no lo haga?

Fracasar es lo último que hay

El fracaso tiene algo potencialmente bueno, y es el hecho de que no puedes caer más bajo, por lo que solo puedes ir a mejor, pero si te encuentras en esta situación, conviene que cuides tu valor de éxito, porque en caso de que este sea algo tangible, con un límite concreto -como lo puede ser comprar un coche-, te dejará sin posibilidades de progresar, pues no puedes continuar una carrera tras pasar la línea de meta. Así como ejercitamos nuestros músculos en el gimnasio, provocando dolor para que crezca, al experimentar un sufrimiento emocional, desarrollaremos una mayor resiliencia. Un consejo para afrontar cualquier problema es que no actúes de la manera convencional: inspiración → motivación → acción. Es mejor actuar y dejar que las cosas vayan llegando, pero ¡ponte a ello!: acción → inspiración → motivación.

Rechaza cosas

Mark Manson expresa que una de las cosas que más impacto le ha producido ha sido la diferencia de comunicación que hay entre el Occidente y el Oriente. Durante su viaje a Asia se percató de que la gente es muy franca y sincera, cuando nosotros normalizamos la falsedad y la doble cara por no faltar al respeto, pero esa franqueza tiene varios beneficios, principalmente el rechazo, pues en el fondo, si rechazamos X cosas estamos adoptando X cosas; esto nos permite adoptar valores concretos. En relaciones (principalmente de pareja), por ejemplo, podemos encontrar los límites; gracias a ellos se pueden evitar constantes bienestares efímeros. Una relación sana es aquella en la que ambos se importan entre sí, pero que no se responsabilizan de los problemas del otro. Lo apoya mientras lo resuelve por su propia cuenta. Ah, y la clave fundamental para una buena relación es la confianza, que cuando se rompe una vez, así como un plato, puede repararse, pero si lo hace una segunda vez se romperá en aún más pedazos. Muchas veces, diversificamos nuestra atención y nos dedicamos a varias cosas, creyendo que la diversidad de experiencias nos puede aportar mucho; es cierto, en una cantidad moderada, probar cosas nuevas, visitar diversos lugares y hacer cosas diferentes nos puede aportar mucho, pero cuando esta se excede, los beneficios son cada vez menores, y entonces merece más la pena comprometerse con algo y poder centrarte plenamente en ello; de ese modo se logra el éxito.

No eres inmortal

Finalmente, hay que comprender que la vida acaba en la muerte, y de no ser por esta, la propia vida no asumiría la importancia que se merece. No merece la pena destinar el tiempo en «proyectos de inmortalidad» que permitan que tu consciencia permanezca viva una vez que tu cuerpo físico lo deje de estar. Es mejor que disfrutes la vida y aceptes la muerte. 

 

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