Ayer se jugó una de esas finales que no te esperas. El Inter, que venía sólido, se comió 5 goles del PSG en una noche que parecía de Champions… pero acabó pareciendo un entrenamiento abierto.
Y no lo digo por hate, lo digo porque hay cosas que merecen ser analizadas.
Yo lo veo así: Sommer es buen portero, pero ayer falló. Y no solo él. El equipo entero. Pero cuando eres el que está bajo palos, cada error pesa más.
Y cuando fallas en una final… el fútbol no perdona.
Gol 1: sin comunicación = sin defensa
Balón al segundo palo. Hakimi solo. Dembélé esperando también solo. ¿Sommer?
No dice nada.
Un portero tiene que hablar. Es lo mínimo. Cuando el balón viene desde banda, tienes que escanear:
¿Quién hay en el segundo palo?
¿Quién llega por el punto de penalti?
¿Hay alguien en la frontal?
Y sobre todo: avisar.
Porque si tú no lo ves… nadie lo ve.
Y encima era un 4 contra 4 en el área. ¿En una final? ¿En serio? ¿Dónde estaba el resto del equipo? Caminando.
Gol 2: el repliegue más lento del mundo
Aquí Sommer no tiene culpa directa, pero es otro error de equipo.
El Inter va tarde a todo. Doué llega antes que todos, y una vez él gana ese balón… ya está. Gol asegurado.
Gol 3: pequeño gesto, gran diferencia
Disparo con bote. Sommer se lo traga. Literal.
¿Podía pararlo? Puede. Si en vez de lanzarse con los brazos normales, saca el brazo de abajo hacia arriba, igual lo pilla en el bote.
No es un error de locos. Pero en una final, ese pequeño gesto cambia todo.
Gol 4: ¿Portero o adivino?
Este me da rabia. Sommer intenta adivinar la jugada. Adivinar.
Y claro, descubre el primer palo. Y le marcan.
Cuando estás a dos metros del delantero, no tienes que adivinar. Tienes que:
✅ achicar
✅ abrirte
✅ y reaccionar
Si juegas a la lotería en una final, te toca perder.
Gol 5: reacción sin reacción
Este es raro. Sommer pone los dos brazos hacia adelante, como si tuviera miedo de que le den.
Y en vez de cubrir el primer palo, prioriza el segundo. Resultado: le meten el gol por donde no debía.
¿Qué aprendemos?
Esto no va de hatear a Sommer. Va de entender que los errores existen. Incluso en los más grandes.
Y que si tú quieres crecer como portero (o como jugador), tienes que mirar estos partidos con ojos de aprender.
El fútbol no siempre premia al que más corre. Pero sí castiga al que se desconecta.

