A medida que crecemos, desarrollamos una serie de habilidades, desde aprender a caminar o hablar, hasta gestionar nuestras finanzas u organizar la vida en el hogar. Conforme avanzamos en la vida, estas habilidades se vuelven más complejas. Lo mismo sucede en el fútbol: necesitamos tiempo para crecer y desarrollar destrezas progresivamente. No sería lógico pedirle a un bebé que calculase la hipotenusa de un triángulo, de la misma manera que no podemos esperar que un portero principiante realice un golpeo plano y de volea perfecto al pecho de un delantero sin que este se mueva.
Todo sigue un proceso, porque la vida está diseñada para ir de menos a más. No podemos dar el tercer paso sin haber dado los dos primeros; así no funcionan las cosas. Por eso es mejor no apresurarse: tomarse el tiempo necesario para dominar una habilidad antes de pasar a la siguiente es la clave para el éxito.
Como decimos en España, ‘vísteme despacio que tengo prisa’. En la vida, como en el fútbol, la paciencia y el progreso gradual siempre rinden mejores frutos.

